miércoles, 19 de noviembre de 2014

San Miguel. De cárceles y otros demonios.

La posibilidad de que fuera una mala broma se descartó de inmediato, ordenándose estrictamente no hablar con nadie del tema, menos con los internos, dicen que “la Sombra” Jefe de seguridad y custodia estaba muy nervioso, él venera a la Santa Muerte y le atraen toda clase de brujerías, por lo que inmediatamente relaciono, ya saben, el número siete y la cantidad de “Gatas” asesinadas esa tarde: los gatos y las lunas llenas en tardes bañadas de cielo rojo son el atajo más próximo al infierno, dijo la Sombra, decía que alguien abrió una puerta y desde entonces no pasaría los días más que viendo el reloj nervioso esperando la hora de salida, inconcebible, el jefe de los custodios en una cárcel inquieto todos los días por siete gatas muertas en San Miguel.

La cocina amaneció teñida de rojo, y en las paredes marcas de patas de gato ensangrentadas, marcas de pelea, de azotes, cabezas y manos separados de los torsos, gatos degollados, de las patas quebradas y a otros dos les sacaron los ojos, que no aparecieron por ninguna parte, y por dentro estaban vacíos. Qué clase de enfermo y como fue capaz de burlar toda seguridad arriesgando unos meses en el Apando para darse un festín de gatos en la cocina; no cuadraba ninguna lógica, a pesar de la orden de estricto silencio como en todo pueblo chico de infierno grande el chisme se rego rápido, para las diez de la mañana el secreto a voces se hallaba suelto y la cárcel de luto, como cuando se mata un compañero… Pero en este silencio se sentía el miedo más que la tristeza. Custodios, internos y administrativos, todos anduvieron pies de plomo esa mañana. Cuando llego el director, se dirigió a la escena del crimen acompañado de la Sombra, hasta entonces no habían movido nada, desde todas las bardas, de todos los ángulos posibles había gatos parados viendo junto algunos internos que por morbo o porque les alcanzaba la vista a distancia no dejaban de ver. Lo de los gatos en San Miguel no es metáfora ni mero símbolo, en la cárcel de Puebla abundan los felinos que por razón desconocida les dio por el encierro, puede ser por la cantidad de ratas aquí adentro no se sabe, pero si digo que había doscientos por los tres mil quinientos y tantos hombres que aquí vivimos son pocos.  Un animal que afuera es tan celoso de si un domestico místico que se ofrece a caricia cuando quiere no cuando se le busca, aquí están, como si todos los gatos perdidos de Puebla hubieran ido a dar a la cárcel, se les intento ahuyentar pero siempre volvían, andan queditos caminando por los pasillos y los techos de los dormitorios, en el psiquiátrico, en el patio, en pedagogía, en psicología en todas las áreas de la cárcel era común verlos rondando junto a los internos, muchos ya tenían nombre, y vivían junto a la condena de algún hombre. El Alfa 1, Clave del Director del Penal, ordeno que se limpiara todo y aunque se hicieron las investigaciones necesarias en un lugar donde todo se sabe, en esta ocasión no se supo nada. Lo único que se supo es que todos teníamos miedo, todos escucharon antes de los gritos de los gatos, como a las tres de la mañana una gata cantando, la melodía venia de la cocina, muchos no pudieron dormir así que les toco la sinfonía de la muerte, y entonces se fueron juntando, y de repente el gaterio maullaba desesperado, los que lo oyeron ya no pudieron dormir y más de alguno paso el resto de la noche rezando, se imaginan, si las gatas gritan feo cuando se las están cogiendo… como se escucharía ayer que estaban descuartizando a siete.

-          Eso no fue muerte, preso ni custodio, mi Sombra, le dijo el norteño le dijo al jefe de seguridad, los más viejos, los del H, dicen que en esto tiene las manos metidas el enemigo… el malo pues, el malo.

Al séptimo día se echaron al Alacrán, un interno del L14 que amaneció con la espalda arañada sadicamente, le cortaron lengua y garganta, también lo violaron, entiendo que primero lo mataron y después se lo cogieron, si no cualquiera hubiera escuchado, el “L” es el dormitorio de máxima seguridad, ahí están los más cabrones, los que ni adentro de la cárcel se componen, los más agresivos, los peligrosos  hasta para los peligrosos, a veces están de a dos o de a uno, depende el grado del ojetes la soledad, el Alacrán era de lo peorcito, no puedo decir que no me da gusto que lo hayan matado, pero no de esa manera… a él lo violaron cuando niño y después lo en tambaron por lo mismo y… pues el que a hierro mata… a hierro muere; el no era un hombre pequeño, en la cárcel hay un dicho aquí o sales culto o sales mamado, y el Alacrán jamás leyó un libro. Entonces las cosas se pusieron muy tensas en San Miguel, si a uno del L lo mataron así, si Alacrán que midió uno setenta y tantos y medio mamado lo mataron así, cualquiera podía ser el siguiente.

Ni los más gallos se amachinaron en el tema, todos andábamos calladitos calladitos, silentes, no era la tensión habitual aunque tarde o temprano sabíamos algo reventaría
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Es el malo, mi Sombra, no lo ve, es el malo, algo lo trajo a San Miguel y ahora está comiendo, la cosa es que este ni fusca apando o tortura lo asusta. Le dijo el Norteño sentado por segunda vez en su oficina, que conto que cada vez se ponía más nervioso el patrón - Tiene hambre, pero trae un hambre muy perra, no es la misma maldad de siempre. Esta es cosa distinta, de esas maldades viejas que llevan años maltratando al mundo. Ahora está en San Miguel y se quiere adueñar de tu cárcel. Es el Malo.
Al sexto día del crimen del Alacrán, la cárcel de Puebla hedía miedo, ya no veían a los gatos como antes, ahora los asustaban cordialmente para que se alejaran, no se atrevían a correrlos, pero tampoco los queríamos cerca, a mí nunca me gustaron los gatos. Para recibir el dia 21, tres veces siete desde la primera vez, todos se hicieron de alguna herramienta sagrada o protección bendita, y en coordinación de custodios e internos hubo una vigilancia extrema, esa noche nadie durmió en San Miguel. Los pasillos de los dormitorios estuvieron vigilados y en el “L” y el Apando se redoblo la seguridad, ahora si,ni lo castigados estuvieron solos.

Como a las tres de la mañana:
-          Ahí está otra vez ese pinche gata… la escuchan, otra vez llamándolos como canto de sirena.  Cállate pinche norteño, le dije, nosotros vivíamos en el dormitorio M16, y si como a las tres de la mañana se escuchó a la misma gata llamando a los demás. Se oía clarito como maullaba, y todos en la celda se nos puso la piel de gallina, también el corazón, entonces empezaron a oírse otros gatos que iban a su encuentro y respondían mientras avanzaban. La que los llama debería estar cerca de la escuela o la capilla, la atención nos permitía presentir la ubicación del mal. Se hizo un silencio incomodo, se supo que los custodios llegaron temblando hasta el lugar pero cuando estuvieron ahí… no había nada más que simples gatos  que se dispersaron al ruido, a las cuatro quince el mismo canto y otra vez a las cinco dieciséis, esa noche… no durmió nadie en San Miguel; A la mañana siguiente, un grito ensorderdecedor recordó que aquí, día noche tarde mañana todo era lo mismo, no había donde esconderse y no había donde correr, aquí no había refugio, pero aquí, aquí pagan justos y pecadores por igual.

Eran las doce del día cuando encontraron al psicólogo muerto en el baño de su oficina con las mismas huellas de tortura, un cuartito en pedagogía que tan solo ofreció dos horas bastaron para reconocer en su cuerpo los mismos modos que en el Alacrán. La misma penetración brutal las mismas marcas en su espalda donde la carne fue rasgada por la maldad, y también se llevaron su lengua y le cortaron la garganta.

( GRITO !!!!  )

-     ---  Me los guardas en chinga en sus dormitorios, no quiero que nadie vea como sacan el cuerpo,  si no estos revientan, ya ni uno quiere venir a trabajar, que será de estos cabrones que entre tanta muerte hasta sin huevos se están quedando, ordeno la sombra intentando contener la escena.

Antes de las 12:30 ya estábamos todos en nuestros cuartos, cosa que yo nunca había visto en los años que llevo preso, no querían que viéramos nada porque el miedo estaba a punto de reventarnos y vaya que se sentía, se respiraba, apestaba y hedía a miedo, no se equivocaron, a fuerza de orden de ley aunque fuera el mismísimo diablo lo que estaba devorando almas en San Miguel, nosotros simplemente no podíamos ir a ningún lado. El Norteño nunca llego al dormitorio, al diez para la una se escuchó el primer portazo,  los internos del dormitorio B se salieron de control y se fueron contra los del L, los custodios estaban de acuerdo, solo iban por los 17 internos que llegaron tres días antes de la noche de los gatos muertos,  se intentó un motín controlado, pero el CERESO reventó. Dice el Norteño que el director no tuvo nada que ver, esto lo decidieron los presos macizos, los picudos, los que controlan la cárcel y la droga aquí adentro, el miedo permite locuras, ya nadie estaba a salvo en San Miguel, el Jarocho que es el más pesado de todos los internos, le advirtió a la sombra que con o el o sin el lo harían, así que no le quedo de otra más que entrarle, la misión era matar a los 32 internos que llegaron de traslado tres días antes de que empezaran las muertes, los 17 del L, y los otros trece que andaban regados entre los demás dormitorios, uno de esos cabrones trajo algo aquí adentro.. o uno de esos cabrones es.

En el L no solo se echaron a los diecisiete, se cargaron a otros diez de ese dormitorio, de cuentas viejas rencillas y venganzas, de esas que no se olvidan, cuando se dieron cuenta los camaradas se metieron, y comenzó la fiesta de la muerte en San Miguel, después fueron por los del H que era donde vivía la competencia del Jarocho, pero también se defendió la pandilla, ya aprovechando el ruido quisieron quedarse completo el negocio,  pero la prioridad eran los 32, el motín duro dos días y murieron setenta internos, al llegar al dormitorio C, tenían que buscar la celda número 26. Iban por Don Juan Isidro un interno recién traído de la sierra norte que en tambaron por defender sus tierras, el dormitorio C era el asignado a los ancianos, así que el encargado sabía que tenía que echarse un abuelo. La tarea se dejó a la suerte, a la mala suerte entre los aliados del Jarocho, no piense que somos maquinas criminales por estar aquí adentro. El Rulas llevaba el filo escondido, hasta el momento los 32 habían ido muriendo sin percatarse que precisamente iban por ellos, cuando abrieron la reja del C32, el anciano jadiaba y respiraba agitado.

(Respiración AGITADA)

- ¿Cuantos llevas Raúl?, le dijo.
- Tú eres el último. Contesto.
- Qué bueno que dejaste lo mejor para el final.
- Hay cosas que nunca mueren…

Dedicado a los entambados en San Miguel, por defender sus tierras en la sierra norte de puebla de algún gobierno panista.






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